lunes, 18 de julio de 2011

UN CHOLO VERANIEGO

Un viaje de tres horas era el inicio para una buena cantidad de oxitocina, durante el trayecto tres mujeres quejándose de la falta del buen sexo, terminando con la frase ¡ya no los hacen como antes! Y mientras ellas alardeaban de sus necesidades mal suplidas. Yo, ¡ja! Ingenuas en un momento mas Miss Pelvis será afortunadamente complacida.
Y bueno a la mañana siguiente después de un delicioso almuerzo y gustándome lo que veía acompañado de algunos besos, que como siempre lo he dicho son el preámbulo perfecto al buen sexo, eso también según las estadísticas de la bolsa de valores puteril. Mi boca no podía mentir era el un buen besador.
Yo no entraba dentro de las estadísticas de la desilusión, mi cholito cumplía con bastante de los requisitos que puede pedir alguien con deseos de salir de la rutina.
Una aventura veraniega era lo que le hacia falta a esta vida que se estaba quedando estancada por la rutina, el ocio y las redes sociales.
Tenía ganas de que alguien tuviera ganas de arrancarme la ropa, de comerme a besos, digo tomando en cuenta que siempre he creído que besar es mucho más íntimo que tener sexo.
Tenia ganas de sentir, de dejarme llevar, generalmente dejarme llevar es un riesgo que no corro, no me estaba enamorando solo, quería saborear la vida lagunera con sus plus y sus extras con sabor a un tipo diferente del común denominador de su querida Violetta.
Es curioso ver como algunos besos aún siguen buscando la forma de aquellos labios en otros nuevos.

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