miércoles, 27 de abril de 2011

AMOR Y GOLOSINAS, JUEGOS PERVERSOS

Pensé que el amor a primera vista solo podía existir en las novelas rosa o en los cuentos que leía cuando niña, la realidad sobre pasa la ficción.
A ella la conocí en un lugar que si pudiera tener nombre sería Sodoma y Gomorra actual y región cuatro, ella una consolidada actriz de su propia historia, yo diría más bien una caricatura de vida en que la palabra “no” jamás tendría cabida. ¿Pueden creer que ay personas que suponen que a base de sacrificios, tendrán su pago por ello al morir? ¡aja!
El venia de un mundo más común, pero no por ello escapaba de las constantes reprimendas que trae consigo el matrimonio, cantante por diversión, loco por convicción y adicto a las paletas. Mente creativa, vida perfecta y nos Jordan en los pies era todo lo que necesitaba.
Ya saben el encuentro casual las miradas, saber que están hechos el uno para el otro con tan solo ver los ojos del ser amado, si cuento una historia de amor podría vomitar saben que no es lo mío, que estas cosas no podrían ocurrirme a mí.
Pero que podrían ser todas estas historias, sin los villanos, en este caso fariseos, acusándolos por vivir en “¡pecado!” cometiendo fornicación. En la religión fornicar es el acto del coito fuera del matrimonio y no tiene que ser precisamente relacionado con el adulterio.
Mientras me contaban su anécdota con los fanáticos religiosos no podían dejar de llegar a mi cabeza imágenes de tipos con antorchas y gritando frenéticamente. A ella como una Magdalena siendo apuntada con dedos inquisidores de todos aquellos que se creían dioses.
Y bueno a él siendo enjuiciado para ir a la orca, mientras lo observaba un montón de desconocidos y su esposa con esos ojos de rabia y lastima a la vez, si algo he aprendido de mis malos caminos, es que una mujer con ego el mutilado es peor que un perro rabioso.
Mis queridos amigos, intentan diseñarse un final feliz, o buscan uno supongo. Yo estoy a punto de cambiar mi profesión de Hetaira reconocida y clitoriana de alcurnia por la de consejera sexual o confidente de adulterios. Ellos recreándose, comprando, diseñando su propia historia de vida.

viernes, 25 de marzo de 2011

CLITORIANAS PARTE I

Hablando con gente desconocida, mujeres disfrazando sus días con vestidos largos, sudaderas, exceso de maquillaje, tacones, minifaldas y sonrisas falsas.
Juanita:
Una señora de setenta años, viuda, pensionada, trabaja en una casa lavando y planchando ropa para que no la ataque la soledad y el desgaste de los días sin compañía.
La vi varias veces a la misma hora, siempre con su cabello extrañamente engrasado, faldas largas que le llegaban a los tobillos, me llamo la atención que andaba llena de joyas y un cinturón enorme rodeado de monedas y una hebilla como para calentar tortillas.
Tenía tantas ganas de saber su nombre, donde vivía, que pensaba, un día el azar jugó con nosotras nos sentó en el mismo lugar, ahí pude verla de frente y decirle: ¡hola! ¿Cómo te llamas? Y despertar en ella las ganas de vomitar un sinfín de historias de su vida.
Una extraña:
No sé porque de ella solo puedo recordar el nombre de un pequeño de seis meses que cargaba llamado Ricardito, tiene más de un año que vive en Ramos Arizpe, tiene una hija de siete años quien vive con su abuela.
En una parada de microbús, estaba ella preguntando de alguna ruta que por supuesto yo no conocía, con un pequeño, un saludo basto para que me contara su vida en un breve de minutos.
Casada, dos hijos, decidió operarse para no procrear, después de dos abortos, con una mirada melancólica me dijo que su pequeña no quería vivir con ella lejos de sus abuelos así que decidió dejarla a cargo de la misma.
Me conto sobre sus abortos, y terminaba cada frase con “¡Dios así lo quiso!”, ya no sé si ven a Dios como una especie de amenaza humana o una justificación barata.
Estas dos mujeres son una porción de muchas que día a día en oídos extraños vacían un poco de lo que tienen en el bolso de mano, guardado junto con miradas perdidas y ojos llorosos.
No, no quiero empezar una temática de drama, es la realidad, fuera de aquellas mujeres de tacones, sonrisas y caricias con olor a billetes de quinientos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

CLOSET DE CRISTAL

El vivía atrapado en un closet, pero no uno común y corriente era uno donde todos podíamos verlo, darnos cuenta de aquellos deslices de falta de moral, fugitivo de la normalidad, enemigo de la verdad.
Así era el ese chico que vivía a un costado de mi casa, hicimos sobre mesa después de una buena cena, un café y un buen cigarro, para acompañar su melancolía. Habría preferido el alcohol, como bien dicen es un buen lubricante social.
Me decía yo no soy como tú. Necesito enamorarme, encontrar un hombre que me quiera y si puede ser que de vez en cuando me regale flores. Mi respuesta fue prefiero que coja bien y ya le regalaré yo las flores.
Soy una mujer promiscua, sí, porque pretendo utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: reconocimiento, placer, autoestima y, en definitiva, amor y cariño. ¿Qué hay de patológico en eso? Si quieres ponerme un nombre, adelante no me importa, pero sabes que lo que soy en realidad es una Nereida, una Ninfa sencillamente.
Nunca llevo mi bolsita de prejuicios, el se marcho a algún congal de donde ocasionalmente sacaba mancebos para tener amantes en las noches de soledad, si la soledad ese arbitro insobornable.
Algunos antropólogos dicen... que el morbo surge de transgredir las reglas básicas del asco.

viernes, 4 de marzo de 2011

Regalo de quimeras

He estado ausente queridos míos viajando a el país de "LAS VAGINAS" no desesperen volveré tan pronto recorra el morbo y la doble moral de esta ciudad. Un trabajo arduo, bello, enriquecedor (mas para mi cartera.) Besos a todos, mujeres, hombres, eunucos, quimeras. Los ama fría y superficialmente. Su Violetta

martes, 1 de febrero de 2011

ENTRE ESCOMBROS

Quien no ha caído, y mientras levantas la vista de nuevo vez moretones, el corazón en pedazos, amputado, de eso se trata la vida de darse en la madre y volverse a levantar. Se trata de mirar los escombros escavar y encontrarnos de nuevo.
No queridos míos su Violetta no se puso amorosa, menos a dar consejos sobre el amor, tampoco trato de iniciarme en la cura de los corazones rotos.
Encontré a un tipo, de esos que son algo atractivos, inteligentes, pero por supuesto también muy pretenciosos, la primera impresión fue ¡que desperdicio, es gay! Una charla y un rico té me hicieron cambiar de impresión. Este querido amante de los halagos tenía una mirada un poco sola, tal vez por eso mi mentecilla retorcida empezó a hacer de las suyas la respuesta venia de miss pelvis, este suculento pastelito iría a dar a mi mesa o bueno a mis muslos ¡aja! Tratando de hacer alarde de mi estúpida honestidad (cinismo) salió de mi un “me gusta oiga” fue la típica respuesta de alguien más ególatra que yo “¡ja, ya lo sabía”! Lo bueno es que pasan taxis con frecuencia y mi casa esta a unas cuantas calles.
Pero todos tenemos nuestras historias, algo que llamamos pasado ¿Por qué ese nombre, pasado? En fin aquel chico, tenía su propia historia de desamor, que algunos llaman horror, y bueno como mi amor propio no podía verse deteriorado por nadie salí corriendo.
Se quedo con sus recuerdos un chai y una que otra comparación absurda. Mi refugio los libros, el tequila no solo nos dio las palabras de un hombre para describir a esos amores que se quedan como seres invisibles en nuestras vidas, “La mujer que ame es un fantasma, yo, el lugar de sus apariciones”.

martes, 25 de enero de 2011

BACANALES

Uno de los peores defectos que le encuentro a nuestra época es que la realidad se ha vuelto prosaica, vulgar, aburrida. Los grandes carnavales son ahora ferias y las fiestas religiosas se volvieron mercaditos donde se venden figuras de Piolín con playera de la selección y basura china. Hasta el sexo es un poco más tedioso que antes (con eso de que ya no es tabú). Aún así, su Violetta intenta llenar de variedad al mundo… y de dinero mis bolsillos. Con ese pensamiento en mente, decidí revivir una de las grandes tradiciones del pasado.
En la antigüedad, las sacerdotisas llamadas bacantes eran las encargadas de organizar una ceremonia en honor al rey Baco, la cual estaba hecha por mujeres y para mujeres. Con el tiempo, tal ceremonia se volvió una fiesta libre, fastuosa, desordenada y en la actualidad la palabra bacanal se asocia con orgía.

Después de este dato histórico que se relaciona con mi vida, quiero contarles que ahora mi rubro se ha diversificado: de ser toda una Hetaira ahora soy empresaria. Bueno, queridos lectores, lo diré de una manera más cruda: ahora soy como una especie de madrota. Ya saben, los clientes a veces quieren más de una chica del pastel, más compañía, más fiesta. Y yo, con mis contactos, los puedo proveer.

Uno de mis clientes y amigo me pidió hetairas para una fiesta. Requería de mis servicios y de ocho chicas más. La fiesta fue en un taller a las orillas de Ramos. Los anfitriones improvisaron un escenario para que bailaran tres compañeras, quienes se despojarían de sus ropas como aperitivo. En esa ocasión yo sólo serví como intermediaria de ellos y las chicas. Fui yo quien cobró (y claro que me quedaron regalías), y fui yo quien organizó las ya famosas rifas de las chicas para que acompañaran individualmente a cada uno de los chicos.

Hubo de todo, la fauna era diversa: el tipo ansioso que deja caer la cerveza por tocar las piernas largas de una bailarina, el hombre caliente que nada más se comunica con gritos y jadeos, el anciano borracho que no se sabe si babea por ebriedad o lujuria, el fantasioso que se deleita viendo a dos mujeres besándose y el gran pagador, el único sobrio, que sólo desembolsa y se ríe de sus amigos beodos. A pesar del desorden, nada se salió de control. Pudieron pasarla bien y yo no tuve que salir corriendo con todo el staff de compañeras de gremio.

La paga fue buena. Me considero una gran negociante y siempre espero dejar a los clientes complacidos. No es que piense abandonar la práctica, ni mucho menos, pero debo admitir que me queda el papel de sacerdotisa pagana y organizar bacanales saltillenses me va de maravilla.

jueves, 20 de enero de 2011

FARISEO

No me gusta echar en cara las faltas de las personas. Cuando lo hago me siento cómo un predicador loco y desarrapado que grita en el desierto
Tan pronto uno se pone a ver de qué pie cojean los demás o cómo cogen los demás, se convierte en guillotina de sus prójimos. Pero esta vez dejaré mis convicciones, porque el prójimo se puso “de pechito” para ser criticado.
Desde el día en que me conocen, lectores y clientes míos, saben que yo no soy una pieza que encaje bien en el rompecabezas moral de Saltillo; me muevo entre la clandestinidad y desde allí les mando mis mensajes. Es verdad, nunca he sido una santa, pero por lo menos jamás he pretendido serlo. ¿A qué viene toda esta antiapología? Bueno, al hecho de que hoy quiero contarles sobre un fariseo moderno que una vez me tocó.
Mi nuevo amiguito, hijo bastardo de Frollo, era un señor respetable, de apellido respetable y palabra insegura; decía más mentiras que yo, y eso ya es mucho. En mí halló placer, sexo y… polémica. Este increíble personaje me citó para verlo, y yo, creyendo que se trataba de un calenturiento más, me apresté a cumplir con mi deber. Lo reconocí de lejos y me asombró verlo con una Biblia en la mano; venía de alguna de esas reuniones donde gritan, lloran y adoran a Jesús (¿sabían que las dos palabras mas pronunciadas por el hombre son coca-cola y Dios? Menos mal que los dos quitan la sed… sólo que Dios tiene la mala costumbre de quitarla con diluvios.) Bueno, El Fariseo abrió la cajuela del auto y sin más, sepultó allí la Biblia (con todo y su Levítico que dice, textual: “18:20 Además, no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella.” Y el incómodo sexto mandamiento) y todos sus prejuicios. Esa tarde adoptó la cartera como nuevo sacramento; claro, tenía que pagar y lavar sus pecados.
Llegamos al hotel más próximo, mientras él me contaba que era la “primera vez” que hacía esto. ¿Aja? Me despojó de la ropa como un niño que le quita la envoltura a un regalo; tal desesperación llegó a molestarme, pero más aún la mentira mil veces oída de “podría enamorarme de ti” (si me pagaran por cada hombre que me dice eso, sería rica además de presuntuosa) y ya saben, ocurrió lo inevitable en mi trabajo: ¡duró tan poco el encanto!
Hablamos de muchas cosas (ya que nos sobraba tiempo, de tan poco que usó en el servicio). Platicamos de religión, claro está. Y como siempre hubo discusión: que si Dios quiere esto, que si Dios prohíbe aquello (algo cínico hablar de Dios, si uno está encueradito, como sus ángeles). Jamás nos pusimos de acuerdo debido a que yo creo que Dios prohíbe el sexo porque no pudo probarlo con la Virgen María (¡Ya siento retumbar las campanas de la Catedral sobre mi cabeza!) y él cree en lo que le dicen (cree, no hace).
Seguimos con la charla, y comentó algo que, bueno, me ofendió en nombre de su pobre esposa: “mi mujer es frígida y creo que también del cerebro”…Violetta no odia a los hombres, Violetta no desprecia a los hombres… pero ¡cómo se me da esto de arañarlos!
Inmediatamente se me rebeló el instinto de género y le dije al Fariseo mil cosas que lo ofendieron y casi terminó haciendo el signo de la cruz para conjurar a la Lillith en que me convertí. Pueden suponer que el servicio acabó mal, pero estarían en un error. Él regresó. Para esta clase de hombres, ese es justamente mi encanto; puedo contradecirlos cuanto quiera, y aún insultarlos, que ellos siempre ponen la otra mejilla.